Por Pablo Gopp*, publicado en Revista Mercado de agosto de 2017

El pasado mes de julio, la provincia de Mendoza albergó nuevamente la Cumbre del Mercosur, repitiendo así el escenario del año 2012. La cumbre llegó en un momento oportuno para analizar la situación actual del bloque, el cual se ha enfrentado en el último tiempo con diferencias políticas, institucionales y sobre todo comerciales.

Justamente en este último punto se ha podido observar un claro deterioro, cayendo las exportaciones de sus miembros fundadores (la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) de casi US$ 350.000 millones en 2012, a apenas 260 en 2016.

Si bien esto en parte es debido al resultado de la baja general del comercio mundial, también es cierto que el boque se ha ido debilitando, tanto puertas adentro como hacia el exterior. Ha perdido participación en el mercado mundial; hoy el Mercosur representa 1,68% de las exportaciones mundiales, que significa un descenso de 12,5% en el período 2012–2016.

Escasa diversificación

Analizando particularmente el escenario argentino, el volumen de exportaciones desde la entrada en vigencia del Mercosur ha crecido en cifras cercanas a 250% en el período 1995-2015, debajo de la media mundial informada por el Banco Mundial, en un valor cercano a 330% para el mismo período.
De acuerdo al estudio publicado por el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, la Argentina concentra casi 85% del grueso de sus exportaciones en productos animales y vegetales, alimentos, industria automotriz e industria química.
Esta escasa diversificación produce mayor de-pendencia con los altibajos que presenta el mercado, como ha sucedido con el valor de la soja si compramos su máximo histórico de 2012 en US$ 650 por tonelada a los actuales US$ 367 promedio, o el impacto en la industria automotriz local en los últimos años, producto de la crisis en Brasil que redujo las exportaciones en este segmento en el orden de 50%. En este aspecto, el estudio demuestra que los países con mayor grado de complejidad en su matriz exportadora, es decir aquellos países que presentan mayor diversificación de bienes y servicios, y que a su vez generan la mayor parte del valor agregado de los bienes que producen, son los menos propensos a los vaivenes que presenta cada mercado.
En el índice de complejidad económica 2015 (ECI, 2015), Japón, Suiza y Alemania figuran al tope de la tabla; México figura en la posición número 21, el mejor posicionado de Latino-américa, mientras que la Argentina en la 69°.


Integración a la vista

Si bien hoy se presenta un nuevo debate entre integración versus proteccionismo, con pos-turas como la de Estados Unidos retirándose del Acuerdo Trans Pacífico (TPP) o la salida de Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), la adhesión a tratados de libre comercio (TLC) para los países en vías de desarrollo ha significado, en líneas generales, la recomposición de la estructura exportadora (mayor incidencia de manufacturas), el aumento de la incidencia del comercio en el PBI y un mayor volumen de exportaciones.
En este escenario, es difícil imaginar un futuro dándole la espalda al mundo, donde las ventajas competitivas de nuestros productos queden cercenadas por aranceles y trabas que el resto de competidores al amparo de un TLC no deben contemplar.
En este aspecto, seguramente la definición más importante de la última cumbre ha sido la posible concreción en los próximos meses –tras casi 18 años de negociaciones– de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que representa 20% del volumen del comercio exterior del Mercosur, de acuerdo a datos estadísticos de la misma Unión Europea.

La centralidad de los TCL

Por lo general, el primer beneficiado con la implementación de un Tratado de Libre Comercio son las empresas con alta actividad exportadora, las cuales logran acceder al mercado socio a un costo menor que antes de la implementación del tratado.
Asimismo, se verán beneficiadas las empresas que utilicen insumos y/o bienes de capital provenientes del nuevo socio, ya que los costos de importación de los mismos se reducirán. Además, se estimula el acercamiento empresarial entre ambos países, generando un flujo de nuevas oportunidades de comercio. También hay que destacar que el escenario puede ser un poco más complejo para aquellas compañías que adquieren insumos de diferentes mercados alrededor del mundo, y que luego deben colocar estos productos terminados de la manera más competitiva. La trazabilidad y la determinación de origen suelen ser vitales en el uso de los TLC.
Algo que suena sencillo puede cambiar cuan-do la magnitud y el volumen de las operaciones son de escala mundial, y reducir apenas centavos en un insumo puede provocar ahorros millonarios en la producción, mejorando a su vez la competitividad del producto final. En este sentido, es esencial buscar el proveedor tecnológico que cuente, no solo con la infraestructura necesaria, sino la capacidad de ofrecer soluciones alineadas a la competitividad del negocio.

*Especialista del área de negocios de Comercio Exterior Thomson Reuters para la región Latinoamérica