Fuente: www.cronista.com

12 de Abril de 2017

Por  Mariano Gaorodisch

Para pagar la multa del blanqueo, muchos fueron a las cuevas a cambiar dólares por pesos, ya que pagan más que en el mercado oficial. Sin brecha desapareció el puré, operación conocida durante el cepo de comprar en el oficial y revender en el paralelo, que llegó a ofrecer una diferencia de casi el 100% en su época de gloria

 

Para pagar la multa del blanqueo, muchos fueron a las cuevas a cambiar dólares por pesos, ya que pagan más que en el mercado oficial, y además no se deja huella ante la AFIP. A los minoristas les pagan hoy $ 15,40 y a los mayoristas $ 15,50, mientras venden a entre $ 15,55 y $ 15,60 a los clientes habituales, según el monto.

Por lo tanto, en algunos casos, se puede conseguir blue más barato que el oficial, si se tiene en cuenta que en ICBC cerró a $ 15,70, en Santander a $ 15,65 y en Itaú a $ 15,60. Los más baratos ayer fueron el Nación, Macro y HSBC, vendiendo billetes a $ 15,40 en los tres casos.

Al desaparecer la brecha que había del 5% a principios de año, desapareció el puré, operación conocida durante el cepo que consistía en comprar en el oficial y revender en el paralelo y que llegó a ofrecer una diferencia de casi el 100% en su época de gloria. Por lo tanto, se puede decir que llegó el fin de una era, cuyos actores hasta tenían nombre propio: los purecistas. Incluso, había cuevas dedicadas al “pureteo”: recibían clientes de cuello blanco (oficinistas) o hasta iban a las empresas con el delivery para hacer el cambio. También estaban los bolseros que hacían dólar MEP, mecanismo que permitía comprar dólares en la Bolsa y revenderlos en el segmento informal.

Otro de los negocios que también redujo su brecha es el “cable”, como denominan en la jerga a traer dólares del exterior, que llegó a pagarse hasta 6% durante el blanqueo y ahora cayó a la mitad. En tanto, para mandar divisas a otros países cobran el 1,5%, mientras antes pagaban con tal de tener a la otra punta para poder calzar la operación.

Nuevo escenario

En la nueva era postcepo, las mesas grandes deben trabajar más que antes, pero con menos personal, porque la ganancia es menor. “Antes el arbolito captaba asalariados y ahorristas, no sólo turistas. Ahora su universo operativo se redujo y la ganancia colapsó. Eso reduce personal obviamente. Igual hay que esperar: mucho cuevero está de vacaciones”, revelan en el sector.

Ante la menor brecha, hay mucha menos actividad que antes de asalariados y ahorristas. Son casi todas operaciones de comercio exterior blue y ahí con gente experimentada alcanza: no se necesita a los arbolitos para eso. La pelea en la calle es por los turistas contra las casas de cambio.

Los venezolanos que estaban en Lavalle son los más golpeados porque trabajaban con la avalancha de burócratas bolivarianos chavistas que venían a cambiar billete. Todas las semanas llegaban contingentes de venezolanos con divisas de privilegio y se pasaban entre 10 y 15 días en la Argentina para “cursos de preparación” o cosas así. Ahora todo eso se cortó.

Las malas lenguas dicen que entre los venezolanos, colombianos y peruanos puede llegar a producirse “pillaje” de billete falsos y entrega a pungas. “No vas a comparar el trato y la manera de operar de ellos con el de una mesa de la cole, que está en un edificio de oficinas con la fachada de un broker. El cambista grande tiene secretaria, viste de traje y trabajó en un banco. Pisar una cueva grande de microcentro es como pisar un banco de inversión en miniatura. Es todo de primera”, exageran las fuentes.

Y despotrican contra los inmigrantes, “que atienden en una oficina en un edificio derruido a 30 metros de Lavalle y Florida, donde hace guardia una mujer que vende quiniela nacional con cara de ladri. Las máquinas no cuentan igual, te cuentan los billetes de ellos con una y los tuyos con otra. En una operación grande, mejor no ir con auto y estacionar cerca de la zona, conviene mejor el transporte público, porque es fija que alguno te puede seguir. Es tierra de nadie”.

Por eso, las mesas están vinculadas a los propios: un argentino no contrata venezolanos, salvo que tenga un negocio que involucre a venezolanos. El negocio se cierra en comunidades, porque cada cambista sabe de dónde vienen. “Este mercado tiene sus incentivos de trabajo, acá no tendremos leyes y regulaciones estatales, pero nos regimos por principios generales, la buena costumbre y buena fe, por más que te digan que todos son oportunistas, saben que, si trampeás a alguno, te inmolás. Por eso es mas fácil que te entregue un cajero de banco a que te entregue alguien de una mesa de dinero en negro”, advierten los cueveros.

Comentarios

comments