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29/06/16

Las primeras palabras de monseñor Jorge Casaretto, infatigable en su lucha contra la injusticia, dieron el tono a lo que sería el Encuentro Anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). “Nadie les pide que vivan como obreros pero nos molesta que lo hagan como príncipes”, dijo para señalar que “no debe existir una diferencia extraordinaria entre quien gana más y quien gana menos”.

En las mesas del salón más amplio del Sheraton había 450 empresarios de primera línea. Algunos, como Cristina Miguens, se apuraron a twittearlo. Y desde el estrado brotaron enseguida otras definiciones picantes.

Mario Quintana, vice jefe de Gabinete, que trata de no hablar más de lo estrictamente necesario, soltó: “Hemos elegido ir por el camino del medio. Algunos nos dicen que somos el kirchnerismo prolijo y otros, el ajuste salvaje. Pero estamos para cambiar un sistema que nos llevó a la mentira, a la división y que postergó a 14 millones de nuestros hermanos a la pobreza. Queremos un sistema basado en la verdad y en la ética”.

Cuando el ex ministro Roberto Lavagna hizo notar que la presión impositiva había crecido 10 puntos del PBI desde 2007 y que representaba US$ 40.000 millones por año con su impacto en pérdida de competitividad, Quintana anunció: “Tenemos un compromiso de alcanzar el equilibrio fiscal en 2019, ese compromiso se basa en un crecimiento anual de 3% a partir del año que viene. Si el crecimiento es mayor al 3%, iremos reduciendo progresivamente la carga impositiva”, señaló.  Casi todas las preguntas de los asistentes intentaron interpelar. Así, se buscó la respuesta de Quintana sobre su rol con el dólar futuro y el funcionario se defendió asegurando que no había comprado ninguno de manera personal. Y a Casaretto le arrancaron una definición sobre el ya fallecido obispo de Mercedes durante el kirchnerismo ( ver información página 17).

Otro expositor, Héctor Matanzo, secretario general de ASIMRA (supervisores de la industria metalmecánica) tuvo que admitir que “cuando la globalización se expandió en el mundo, creímos que nunca nos llegaría. Ahora hay que buscar una forma que nos permita ser más competitivos, mejorar la producción, tener mayor capacidad de trabajo para generar más trabajo”.

En lo que pareció una crítica al Gobierno, el ex ministro Lavagna sostuvo que el hombre público debe “tener sentido de realidad y los pies en la tierra”. Contó que en 1974, cuando comenzó en la Argentina el cálculo de la pobreza, ese drama alcanzaba al 4% de la población. “Esta sociedad se ha empobrecido, que es más grave que ser pobre, no es lo mismo haber estado un poco mejor y caer”. Y remató en lo que pareció un mensaje a la dirigencia política: “Hay que privilegiar el ser por sobre el estar”.

El obispo emérito de San Isidro fue incluso más allá: “En la Argentina, las corporaciones son muy fuertes y es muy difícil armar una democracia con corporaciones tan fuertes. Deben pensar qué están dispuestos a renunciar para que la Argentina avance”, se dirigió a los empresarios que firmarían un poco más tarde un inédito compromiso personal contra la corrupción.

Entre ellos, Jorge La Roza, Luis Bameule, Juan Manuel Vaquer, Gonzalo Tanoira, Alejandro Preusche, Ignacio Stegman, Gabriel Martino, Fernando Fravega, Santiago del Sel, Carlos Garaventa, Carlos Tramutola, Fernando Ambroa, Roberto Murchison, Luis Riva y. Martin Otero Monsegur.

Ya era la hora de las conclusiones y Casaretto hizo un llamado: “La pobreza nos tiene que tocar el corazón”.