TEMAS DE TEORÍA DEL ESTADO (EBOOK+PAPEL)

Editorial La Ley, 2da ed. actualizada y aumentada, Buenos Aires, 2014.

En su Temas de Teoría del Estado, Jorge Bercholc ofrece al estudioso de la teoría política una colección de tópicos: los más centrales y clásicos. Se destaca el Capítulo V, “La opinión pública y los medios de comunicación masiva. Articulaciones y tensiones con el sistema democrático” donde elabora la idea de que si bien el origen de la categoría opinión pública se halla intrínsecamente relacionado con la teoría democrática, en la actualidad existe una brecha entre la teoría clásica y la empiria científicamente medida en la sociedad de masas sometida a los procesos modernos de comunicación y representación simbólica.

La prosa de Bercholc primero ofrece pistas, ideas dichas como en susurro, provocando en el lector interrogantes sobre cuáles serán las soluciones a los planteos propuestos. De pronto, sin anticipación, pero con un estilo que resulta fácilmente identificable en el libro, despliega todo su arsenal argumentativo. En una sola frase resume lo que otros autores necesitarían páginas para explicar. Así por ejemplo, al dar una perspectiva histórica del concepto de opinión pública dice: “La prioridad del concepto kantiano es filosófica, moral, ética y prescriptiva, propia de la vertiente ética del liberalismo alemán y complementada, por autores anglosajones primero, en versión moral y más tarde en versión utilitarista.” Resume en ello el aporte continental e insular, con envidiable sencillez. Con idéntica capacidad de abordar lo central de teorías complejas, explica los aportes de Maquiavelo, Locke, y Rousseau y de otros autores que trataron el tema.

Aporta un paneo de las definiciones y redifiniciones de lo que ha sido considerado opinión pública. Analiza en primer lugar aquellas que resultaron funcionales a la reinstauración de los procesos cívicos de los años 80 y 90 y que consideran que la opinión pública debe ejercer un rol de sustento de la democracia, atendiendo a fenómenos modernos como la espectacularización de la política, la videopolítica y la privatización del espacio público. Seguidamente, con singular claridad, describe lo que muchas veces piensa el hombre común ante acontecimientos públicos de la actualidad que resultan inexplicables: que la opinión pública es un proceso de control social que promueve el consenso y la integración social no sobre la base de la racionalidad de los argumentos y la discusión sino sobre la mera posibilidad de que se imponga una idea sobre otra que ella sea aceptada por la mayoría. En ella, nos enseña Bercholc, lo importante no son los argumentos y su validez por su nivel de calidad y de racionalidad, sino qué corriente tiene el poder suficiente como para parecer mayoritaria y así amenazar, a los que opinan en sentido contrario, con el aislamiento como producto de su disidencia.

No sorprenderá al lector de la obra que se comenta advertir que algunos autores especializados han sostenido que la opinión pública no existe y que otros proponen el abandono de la categoría por la gran complejidad y la amplitud de definiciones existentes.

Por su parte Jorge Bercholc propone abordar realísticamente el concepto, que por muy mentado y difuso, no pierde vigencia. En ello, propone el minucioso camino del método científico que requiere se colecten los datos que permitan su confronte en líneas de análisis multi-interdisciplinarios con los procesos de formación de sujetos en las tensiones propias de la vida social moderna. Tarea que Bercholc desarrolla con gran minuciosidad.

Concluye el capítulo sobre opinión pública y medios de comunicación masiva con un análisis de la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en materia de opinión pública y particularmente en lo que respecta a la ley 26.522 de Servicios Audiovisuales. A este último respecto, el autor considera que los órganos soberanos legítimamente pueden diseñar la política de Estado que consideren necesarias para poner límites y salvaguardas al fenómeno de la concentración y homogenización propios de la lógica capitalista en su estadía de desarrollo actual. Por lo que, “la intromisión de la justicia en el tema, mediante un fallo en particular, contradeciría la decisión de los órganos políticos soberanos del Estado.” Tal vez sea esta afirmación de Bercholc la que despierte el mismo grado de polémica que la ley en cuestión ya que no se puede perder de vista también el carácter político del Poder Judicial.

En XV capítulos Temas de Teoría del Estado constituye una obra indispensable para el académico y para el político ya que aporta profundidad científica para el análisis y revelaciones indispensables para la praxis de la vida pública.

En efecto, Bercholc define a la Ciencia Política y del Estado como ciencia fáctica y deja claro su punto de vista al sostener que en esta materia “la investigación científica procura un modo de conocimiento racional, sistemático y verificable, y en el caso particular de la ciencia fáctica ese conocimiento, además deberá ser objetivo.” Nos explica el autor que resulta indispensable que se verifiquen los enunciados teóricos empíricamente, se contrasten las hipótesis con los hechos, agregando o desagregando datos y variables hasta confirmar los enunciados vertidos.

Se distingue así el contenido de este libro de planteos que asemejan a la Ciencia Política con las ciencias formales, que trabajan con abstracciones contrastadas con construcciones ideales sujetas exclusivamente a verificación lógica y analítica.

Resulta de interés lo que explica el autor cuando dice: “Por ello, una perspectiva del fenómeno político desde el conocimiento científico requerirá una apertura mayor que la que puede inferirse de una más rígida Teoría del Estado de sesgo juridicista, implicando que es necesaria cierta interdisciplinariedad (politológica, sociológica, filosófica, jurídica) que permita esa descomposición o desagregación de elementos variables y datos.”

Ello, como bien se advierte en el libro, implica cierta provisionalidad en las proposiciones, leyes y teorías que la ciencia construye respecto de su objeto estudiado. Al mismo tiempo, aporta frescura al pensamiento, alejándolo de categorías absolutas, y de certezas que solo sirven para fomentar los fundamentalismos.

El método y la técnica de Bercholc resultan algunas veces duras para el lector, por la rigurosidad de su pensamiento, que requiere el seguimiento sistemático y el control paso a paso del complejo del análisis que realiza. En ello consiste precisamente la riqueza de su aporte. En cada uno de los tópicos tratados, repite con variación extraordinaria, su tema: la necesidad de verificar con evidencia empírica, su discurso. Sin duda, su razonamiento, en cada estadio, sigue una lógica inexorable logrando una unidad que da sentido en la obra completa.

Temas de Teorías del Estado constituye lo mejor de la producción académica en teoría política de los últimos años. Marca un nuevo estándar de calidad para quienes en el futuro aborden la misma temática ya que deberán, por lo menos, equiparar los aportes de Bercholc si desean acompañarlo en la nómina de lecturas requeridas en la materia.

Alejando Laje