Doctrina del Día: Homicidio agravado. Autor: Vergara, Jorge P.I — GENERALIDADES

1.— Debe valorarse como circunstancia agravante al individualizar la pena del homicidio simple, que el procesado acometiera a la víctima cuando ésta dormía y ante su reacción insistió en darle muerte.

(CNCrim. y Correc., sala II, abril 28-987. — Martínez, Saturnino y otros) DOCTRINA JUDICIAL 1988-2, 661.

2.— El homicidio es calificado por el incendio ocasionado por el encausado, si se trata de muertes sobrevenidas a raíz del empleo de un medio capaz de causar grandes estragos, como es dar fuego á una vivienda con abundante cantidad de nafta, cuyos efectos ígneos nadie desconoce. (CNCrim. y Correc., sala VI, abril 22-982. — Di Leo, Mario) La Ley, XLII, A-I, 1176, sum. 5.

3.— La connotación teleológica del art. 80 del Cód. Penal, configurada por el elemento subjetivo de lo injusto, incluida en el tipo penal, está representada por la preposición “para” en una relación de medio a fin.

(SC Buenos Aires, setiembre 25-979. — Contreras, Ornar E.) – Rep. La Ley, XXXIX, A-I, 1061, sum. 19.

4.— La preordenación debe ser excluida como elemento indispensable del homicidio criminis causa y la decisión de matar puede ser posterior, en forma imprevista siempre que concurran los motivos del art. 80 del Cód. Penal.

(SC Buenos Aires, setiembre 25-979. — Contreras, Omar E.) Rep. La Ley, XXXIX, A-I, 1061, sum 18.

5.— Si ya la relación concubinaria había finalizado de común acuerdo, imponiéndose de ello a la víctima, no puede sostenerse que la actitud de ésta, acompañando a la mujer a su domicilio a retirar sus pertenencias, pueda interpretarse como una actitud injuriosa que justifique el obrar del procesado.

(CApel Junín, junio 23-978. — Peralta, Juan C.) La Ley, 1979-423.

II — VINCULO. PARENTESCO. CONYUGES

6.— No pueden aceptarse las alegadas “causales extraordinarias” de atenuación contempladas por el último párr. del art. 80 del Cód. Penal, ya que esa posibilidad no es siquiera considerable en quien mata a sus padres porque hacen una vida desordenada, llena de infidelidades recíprocas, que a él lo mortifican. Máxime si esto sucede cuando sus padres ya habían decidido enviarlo a vivir a otros país y cuando el sujeto tenía edad suficiente para dejar el domicilio de sus padres y emprender su propia vida autónoma.

(CNCrim. y Correc., sala V, abril 7-986. — Schokiender, Sergio M. y otro) La Ley, 1986-C, 365.

7.— Si bien a los efectos penales para probar el parentesco entre el imputado y la víctima basta la confesión, esta doctrina no es de aplicación si existen fundadas dudas en los dichos de aquél al reconocerse padre de la víctima por tratarse de paternidad supuesta de un hijo nacido de mujer casada, no se ha agregado ningún documento oficial que pruebe el parentesco y las diligencias practicadas a tal fin arrojaron resultado negativo.

(SC Buenos Aires, octubre 25-983. — Casco, Carlos M.) La Ley, 1984-C, 623.

8.— Probado como está que al encartado no le faltaron motivaciones para agredir a su esposa, ya que se comprobó que ésta mantenía relaciones adulterinas, la confesión se torna indivisible, debiendo aceptarse la versión que da el procesado en el sentido que golpeó a su esposa tras habérsele insinuado corto infiel y que ésta dio un traspié “con tan mala fortuna qué golpeó justamente la nuca contra la piecera de la cama”. El hecho encuadra en la figura de homicidio preterintencional (calificado por el vínculo) porque ha mediado dolo en el principio y culpa en el remate; desde que ha habido dolo de lesiones y resultado de muerte, pues no pudo ser ajeno al agente la previsibilidad de lo ocurrido.

(CNCrim. y Correc., sala V, noviembre 16-979. — Tissot, Carlos) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 17.

9.— Excluida la emoción violenta por no haberse establecido su excusabilidad en cambio puede considerarse que mediaron las circunstancias extraordinarias de atenuación legisladas en el art. 80 “in fine” Cód. Penal, teniendo en cuenta para ello los hábitos y condiciones personales de la víctima y del victimario, las circunstancias de tiempo, modo y lugar del suceso, en especial el regreso del procesado al hogar tras la separación conyugal, su condición de hombre entregado de lleno al trabajo, su abstención delictiva durante 34 años de vida, la inconducta de la occisa (que estaba alcoholizada incluso el día de la muerte), la singular dureza de trato que dispensó con reiteración a su marido.

(CNCrim. y Correc., sala VI, junio 26-979. — Fernández, A. J.) Rep. La Ley, XXXIX, A-I, 1062, sum. 25.

10.— La breve separación personal de los esposos no excluye la agravante prevista en el inc. 1° del art. 80 del Cód. Penal, porque esa situación no exime a la cónyuge de los deberes derivados del vínculo. ni excluye la mayor sanción penal que merece el atentado contra su marido.

(CNCrim. y Correc., sala V, marzo 27-979. — García Estivill, María T.) La Ley, 1980-B, 709 (35.426-S).

11.— Las circunstancias excepcionales de atenuación en el homicidio calificado por el vínculo debe analizarse en su sustancia, sin que importe que ellas encuentren su génesis fuera del propio individuo. La interpretación correcta del precepto (art. 80, último párr., Cód. Penal), debe corresponderlo con las pautas de individualización de la pena de los arts. 40 y 41 del Cód. Penal y atender a la peligrosidad del individuo, a la gravedad del acto y a la gradación de la culpabilidad.

(CNCrim. y Correc., sala V, marzo 27-979. — García Estivill, María T.) La Ley, 1980-B, 709.

12.— Si la víctima desplegó una serie de actos injuriosos para con su esposa que se tradujeron en golpes, insultos, aventuras amorosas, resultando aquélla un desorbitado sexual, que orientó su libido hacia personas del sexo opuesto, sin límites de edad, lo que fue minando la estabilidad del matrimonio y que la esposa fue soportando penosamente en aras de mantener a flote el grupo familiar constituido, hasta que se produjo el desenlace letal con motivo de un incidente más, ocurrido en la madrugada del día del hecho, se advierte, de la conducta de la víctima y de las circunstancias que precedieron al hecho la existencia de causas extraordinarias de atenuación en los términos previstos en el art. 80, inc. 1° y última par. del Cód. Penal.

(C5ª Crim. Córdoba, setiembre 15-978. — Nanni de Reyes, Luján A.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1232, sum. 13.

13.— Las circunstancias extraordinarias de atenuación del homicidio calificado, previstas en el último, párr. del art. 80 del Cód. Penal, son agentes eventuales externas que incitan y alteran el proceder regular de quienes han sido ajenos a dichos estímulos pero han sentido sus efectos.

(CNCrim. y Correc., sala II, abril 21-978. — Ceravolo, Domingo) La Ley, 1979-C, 592.

14.— No son circunstancias extraordinarias de atenuación los estados psíquicos morbosos por sí mismos ni los correspondientes a una deficiente personalidad, desde que éstos pertenecen al campo de la imputabilidad y deben ser juzgados con dicho alcance en los términos del art. 34, inc. 1° del Cód. Penal.

(CNCrim. y Correc., sala II, abril 21-978. — Ceravolo, Domingo) La Ley, 1979-C, 592.

15.— La buena personalidad del reo, su conducta al comprobar que ha herido a su esposa y el estado psicofísico de que pudo ser portador no encajan, ciertamente, en lo que me permito considerar la teoría legal de las “circunstancias extraordinarias de atenuación”. Lo contrario, sin duda, llevaría a admitirla posibilidad de una doble valoración de los mismos datos: primero al dicho título y luego, obviamente, para decidirse por una pena entre los 8 y 25 años de reclusión o prisión, con lo que, inexplicablemente, quedará eliminada toda distinción entre los preceptos de los arts. 80 “in fine” por un lado y 40/41, del Cód. Penal, por el otro.

(SC Buenos Aires, abril 4-978. — Villalba, Hilario) Rep. La Ley, XL, A-I; 1232, sum. 15.

16.— Juzgar si, en un caso dado, concurren las circunstancias a que se refiere la parte final art. 80 del Cód. Penal (hoy reproducido por la ley 21.338 en el orden a la aplicación de una pena de las previstas para el homicidio simple, constituye, indudablemente; una cuestión de hecho que los jueces comunes han de resolver en ejercicio de atribuciones que le son propias quedando así excluida, sobre el particular, la revisión extraordinaria. Sin embargo —y así lo postula el magistrado apelante— la queja traída escaparía a esa regla, en cuanto tiende a poner en tela de juicio la comprensión, por parte del sentenciador, del sentido y alcance del párrafo mencionado del art. 80, al aplicarlo sobre la base de referencias y antecedentes personales o de hecho, no adecuados a las previsiones de aquél sino a las de los arts. 40 y 41 del citado Código.

(SC Buenos Aires, abril 4-978. — Villalba, Hilario) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 16.

17.— En sede penal el parentesco o matrimonio no queda sujeto sólo a la prueba del instrumento público, sino a todas las propias y adecuadas para acreditarlo en la auténtica relación establecida: en síntesis, el art. 96 de la ley 2393 carece, pues, de aplicación constituyendo la confesión del acusado plena prueba a los fines de calificar el hecho delictuoso. (En el caso se trata de un homicidio agravado por el vínculo).

(SC Buenos Aires, octubre 6-976. — De Gennaro de Pinto, Cayetana) La Ley, 1979-B, 682.

18.— A los efectos penales no rigen los preceptos civiles sobre la prueba del parentesco o matrimonio, siendo suficiente para acreditarlos la confesión en que el imputado reconoce el vínculo que agrava su responsabilidad. (En el caso se trata de un homicidio agravado por el vínculo).

(SC Buenos Aires, octubre 6-976. — De Gennaro de Pinto; Cayetana) La Ley, 1979-B, 682.

19.— El homicidio calificado por el vínculo exige, como dolo, que el autor mate sabiendo que la víctima es su ascendiente, descendiente o cónyuge y la jurisprudencia ha admitido que, a los efectos penales, la confesión del reo prueba el vínculo, lo que se compadece con el propósito constante de que debe privar la verdad material sobre la formal.

(SC Buenos Aires, octubre 6-976. — De Gennaro de Pinto, Cayetana) La Ley, 1979-B, 682.

20. — Si el imputado dio muerte a su esposa, golpeándola repetidamente con un objeto contundente en la cabeza, provocándole el hundimiento del cráneo y la pérdida de masa encefálica, ello determina el encuadre de su quehacer en el delito de homicidio calificado (art. 80, inc.1°, Cód. Penal). (CCrim. Santa Rosa, setiembre 10-975. — Bertelli, Mario H.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1232, sum. 14.

III — ALEVOSIA Y PREMEDITACION

21.— A los fines de la alevosía no es necesario que la falta de peligro o la indefensión hayan sido generadas por el sujeto activo, ni que medien “astucia, engaño, celada o traición”, ni móvil alguno en particular independiente del elemento subjetivo de la alevosía.

(SC Buenos Aires, setiembre 6-988. — Herrera, Juan F.) DOCTRINA JUDICIAL 1989-1, 637.

22.— Hay alevosía cuando la falta de peligro para el autor y la indefensión de la víctima —causadas o no por el sujeto activo—, hubieran sido condición subjetiva del ataque.

(SC Buenos Aires, setiembre 6-988. — Herrera, Juan F.) DOCTRINA JUDICIAL 1989-1, 637.

23.— El hijo que golpea a su madre alcoholizada desde atrás agrava su conducta por la alevosía, pues la víctima no tuvo ninguna posibilidad de defenderse y su indefensión fue aprovechada por los coautores.

(CNCrim., y Correc., sala V, abril 7-986. — Schoklender, Sergio M. y otro) La Ley, 1986-C; 365.

24.— Si se ha tenido por cierto que el imputado se decidió a matar sin riesgo y que para poder obrar de ese modo, “buscó” un lugar “oscuro y solitario” a donde llevó al niño y lo mató, disimulando su propósito homicida ante los ocasionales terceros que encontró en el trayecto, con una actitud engañosamente afectiva y protectora (“como el menor lloraba pidiendo por su madre, él lo palmeaba diciéndole que lo llevaba con ella”), ello satisface el elemento subjetivo de la calificante por alevosía.

(TS Córdoba, sala penal, junio 19-985. — Fine, Juan C.) LLC, 986-425.

25.— La calificante de alevosía ha sido correctamente aplicada, en tanto el fallo ha descripto el estado de indefensión propio de la escasa edad de la víctima y la ausencia de terceros en el momento y lugar del crimen que pudieran auxiliarlo; satisfaciendo así el elemento objetivo de la agravante, que reside en la falla de peligro para el autor.

(TS Córdoba, sala penal, junio 19-985. — Fine, Juan C.) LLC, 986-425.

26.— Hay alevosía cuando la falta de peligro para el autor del homicidio y la indefensión de la víctima —causadas o no por el sujeto activo— hubieran sido condición subjetiva del ataque.

(SC Buenos Aires, abril 30-985. — Guzmán, Jorge G. y otro) La Ley, 1987-A, 662.

27.— La alevosía requiere una situación de indefensión total de la víctima como requisito típico objetivo, aunada al conocimiento de esa situación en el tipo subjetivo (dolo) y a un elemento del ánimo, que consiste en “aprovecharse” de tal indefensión para cometer el delito. No cualquier homicidio de un indefenso es homicidio alevoso, como lo prueba la circunstancia de que nadie considera tal al homicidio llamado “piadoso”. La alevosía requiere este elemento subjetivo del tipo distinto del dolo que llamamos “elemento del ánimo” o de “disposición interna”, análogo al del hurto calamitoso y al de otros pocos tipos penales.

(CNCrim. y Correc., sala VI, agosto 14-984. — Pacheco Errea, Enrique y otro) DOCTRINA JUDICIAL 1986-1, 213.

28.— No cabe aplicar la agravante de alevosía al homicidio cometido si el occiso no se encontraba en estado de indefensión absoluta, ni el autor contó con la certeza de que su proceder no sería perturbado ni obstaculizado, ya que no actuaba sobre seguro, habiéndose producido el ataque de frente; mediante el empleo de un arma impropia como es un palo y la víctima no estaba disminuida ni impedida de defenderse.

(CNCrim. y Correc., sala IV, agosto 19-982. — Amati, Pedro) La Ley, 1983-A, 453.

29.— Debe responder por el delito de homicidio calificado por alevosía e incendio quien, en horas de la madrugada, luego de haber determinado que la familia damnificada se encontraba entregada al reposo, asperjó con una considerable cantidad de nafta el lugar donde se hallaban aquéllos, prendiendo enseguida el fuego con un fósforo, lo que ocasionó quemaduras a las cuatro víctima, que mas tarde fallecieron.

(CNCrim. y Correc., sala VI, abril 22-982. — Di Leo, Mario) Rep. La Ley, XLII, A-I, 1176, sum. 6.

30.— El homicidio es alevoso si el procesado obró con seguridad y falta de riesgo, acercándose sigilosamente al sitio del desmán, sacándose el calzado para evitar los ruidos y obrando recién después de comprobar el reposo de sus víctimas.

(CNCrim. y Correc., sala VI, abril 22-982. — Di Leo, Mario) Rep. La. Ley, XLII, A-I, 1176, sum. 7.

31.— En el homicidio alevoso juega un papel, junto con la particular comisión externa del hecho, un factor subjetivo personal, debido a que no basta para que una acción sea alevosa que el autor sólo conozca la situación sino que en modo especial, debe querer aprovecharla, lo que constituye un elemento subjetivo de lo injusto en esta calificante.

(CPenal Santa Fe, sala III, marzo 30-982. — Castañeda, Luciano R.) Rep. La Ley, XLIII, A-I, 1074, sum. 4.

32.— Debe ser responsabilizado por los delitos de homicidio doblemente agravado por alevosía y “criminis causae”, en concurso ideal con robo con violencia en las personas, quien con el fin de apoderarse de objetos o dinero de la damnificada, le aplicó, en primer lugar, varias puñaladas y luego —como todavía estaba convida— le arrojó una maceta en la cabeza, para posteriormente apuñalarla con un cuchillo de “carnicero” que fuera a buscara su casa y estrangularla con un cinturón de los que encontrara en el dormitorio. (Del voto del doctor Scimé).

(CNCrim. y Correc., sala V, marzo 3-981. — Uranongar, M.) Rep. La Ley, XLI, A-I, 1532, sum. 13.

33.— No obstante la edad del procesado al cometer el hecho —19 años— teniendo en cuenta la tremenda crueldad que ha presidido su conducta, la absoluta falta de piedad frente a los lastimosos ayes de dolor proferidos por la víctima, el inhumano desprecio por la vida ajena, en pos de un misérrimo enriquecimiento patrimonial destinado a sufragar una erogación moral y jurídicamente reprochable, son circunstancias de agravación que imponen la aplicación de la pena de reclusión perpetua. (Del voto del doctor Almeyra).

(CNCrim. y Correc., sala V, marzo 3-981. — Uranongar, M.) Rep. La Ley, XLI, A-I, 1533, sum. 14.

34.— Matar a un indefenso es un acto execrable en sí mismo pero sólo se concreta un obrar alevoso en el sentido de la ley penal, cuando tal estado de indefensión ha entrada en la elaboración del plan homicida, gravitando de modo tan decisivo que, de no contar con él, verosímilmente, no se hubiera decidido llevarlo a la práctica.

(SC Buenos Aires, setiembre 9-980. — Ossuna, Oscar C. y otros) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, suma 22.

35.— Lo que caracteriza el obrar alevoso no son las situaciones —creadas o no por el agente— ni los modos de actuar, sino la idea que preside las maquinaciones de aquél, delineando una trama que no sólo tiene como meta el matar o lesionar sino hacerlo sin correr riesgo de ninguna especie, aun el de fracasar en la siniestra empresa.

(SC Buenos Aires, setiembre 9-980. — Ossuna, Oscar C. y otros) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 21.

36.— Sólo existe alevosía, cuando el agente realiza su propósito criminal, aprovechando de una manera oculta, insidiosa o felina, el estado particular de la víctima, que impide a ésta defenderse, esto es, que debe mediar empleo de astucia, el engaño, la celada, la traición o cualquier otro procedimiento que conduzca a esa finalidad.

(SC Buenos Aires, setiembre 9-980. — Ossuna, Oscar C. y otros) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 20.

37.— Para que exista alevosía en el sentido del art. 80, inc. 2° del Cód. Penal, la ausencia de peligro para el agresor no nace sólo del hecho material de haber obrado o podido obrar con impunidad, sino de la demostración de que la falta de peligro para él, haya sido una de las causas determinantes de la acción.

(SC Buenos Aires, setiembre 9-980. — Ossuna, Oscar C. y otros) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 19.

38.— La ultimación de la víctima en la cama, mientras dormía, configura el delito de homicidio calificado: dado que, aun haciendo abstracción de que ese acto tuvo por fin el robo, el homicidio ya estaría agravado por la alevosía que comporta sesgar una vida en tales condiciones, sin que deba evaluarse necesariamente “la premeditación” al ser suficiente la sigilosa o solapada conducta enderezada hacia ese fin.

(CNCrim. y Correc., sala V, mayo 27-980. — Capelo, Martín) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 25.

39.— La alevosía no es sinónimo de premeditación aunque generalmente la presupone, sino que consiste en “obrar sin riesgo para su persona”, que es precisamente lo que hizo el procesado al disparar repetidas veces su escopeta sobre el cuerpo de la víctima, hasta dejarla sin vida, en un lugar solitario (basural) y con las espaldas a cubierto por sus compinches.

(CNCrim. y Correc., sala II, marzo 31-980. — Rodríguez, José A.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 18.

40.— La conducta del encausado que ultimó a la víctima mediante disparos de arma de fuego configura el delito de homicidio calificado por alevosía, ya que aquélla se encontraba lesionada y maniatada, es decir en estado de indefensión absoluta; lo que importó para el acusado actuar sobre seguro, máxime cuando la presencia de sus consortes de causa a corta distancia garantizaba que su frío y desalmado proceder no sería perturbado de ninguna manera.

(CNCrim. y Correc., sala II, marzo 31-980. — Rodríguez, José A.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1234, sum. 28.

41.— Si a la víctima se la llevó engañada a un lugar descampado, en horas de la noche, se la hizo descender del vehículo y luego de hacerla caminar o avanzarse le disparó primero y se la remató después con otro disparo, la conducta del inculpado queda incursa en el delito de homicidio calificado por la alevosía.

(CPenal Bahía Blanca, diciembre 14-979. — Moa, Eduardo y otros) La Ley, 1980-491.

42.— No corresponde la agravante de alevosía en el homicidio del caso, cuando sin perder de vista los factores sorpresa, superioridad numérica y física, la víctima no se ha encontrado en una situación de indefensión en mayor medida al común de los casos, pues no medió una expresa preparación previa para evitar toda posibilidad de resistencia ó pedido de auxilio ni para colocar a los autores en una situación de seguridad ajena a todo riesgo que exceda a la precaución que siempre se adopta para asegurar el resultado buscado, opinión que refuerza la circunstancia de haber penetrado los victimarios al lugar del crimen sin armas.

(CNCrim. y Correr., sala IV, octubre 5-979. — Parrondo, Manuel S. y otro) La Ley, 1980-A, 614.

43.— El homicidio “proditorio”, es uno de los tipos de alevosía del art. 80, inc. 2° del Cód. Penal, por la “ocultación moral” de la intención homicida que ejecuta luego de haberse ganado la confianza de su víctima. (CFed. Paraná, marzo 19-979. — Poggio, Julio C.) Rep La Ley, XL, A-I, 1233, sum. 26.

44.— Si el homicida esperó armado a que lleguen’ la víctima y su ex-concubina, se evidencia el deseo de sorprender a aquéllos, no pudiendo invocar un estado emotivo violento, máxime teniendo en cuenta el engaño en que los hizo incurrir, haciéndoles creer que la casa estaba deshabitada, y además, disparando su arma cuando ya la víctima se alejaba del lugar.

(CApel Junín, junio 23-978. — Peralta, Juan C.) La Ley, 979-423.

45.— La total ausencia de riesgo para los causantes al obtener la indefensión de la víctima —indefensión procurada con violencias y la aprovechada circunstancia de padecer una evidente incapacidad física—, adecua el quehacer de los imputados en el homicidio calificado por alevosía.(CCrim. Santa Rosa, agosto 1-978. — Guala, Oscar A. y otros) Rep. La Ley, XL; A-I, 1233, sum. 24.

IV — ENSAÑAMIENTO

46.— No se da la agravante de ensañamiento (art. 80, inc. 2°, Cód. Penal), pese al número de golpes, el lapso de castigo y la indefensión de la débil víctima, por no darse los caracteres objetivos y subjetivos que requiere dicha agravante que consiste en acrecentar deliberadamente y con males innecesarios el sufrimiento de la persona ofendida, circunstancias que no se dan en el caso, por no advertirse nota alguna que lleve a considerar innecesaria la totalidad o algún segmento del accionar desplegado y respecto al fin propuesto, fin que debe circunscribirse al de causar un daño en el cuerpo o en la salud; no advirtiéndose por otra parte rasgos de sadismo en la acusada.

(CNCrim. y Correc., sala II, agosto 28-981. — Martínez, Berta B.) Rep. La Ley, XLII, A-I, 1176, sum. 8.

47.— No hay ensañamiento en el homicidio de autos, si es evidente que el despiadado tratamiento a que sometería a la víctima no tuvo por objeto, a pesar de la animosidad de su sobrino, aumentar deliberadamente el sufrimiento de la víctima, sino el fin de ultimarla frente a los inconvenientes que presentaba la improvisación de los medios.

(CNCrim. y Correr., sala IV, octubre 5979. — Parrondo, Manuel S. y otro) La Ley, 1980-A, 614.

48.— Quien puede matar de un golpe simple, y en lugar de ello hiere a la víctima, la deja indefensa y le sigue causando heridas cada vez mayores, la mata con ensañamiento.

(CFed. Paraná, marzo 19-979. — Poggio, Julio C.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1234, sum. 31.

49.— Queda descartada la posibilidad de ensañamiento, cuando no exista el elemento subjetivo que se satisface con la producción de mayores padecimientos y sufrimientos en la víctima. Si bien podría suponerse que el autor procedió con impulso de perversidad brutal, esta agravante implica una actitud subjetiva, de características propias, que no se dan en el caso.

(CCrim. Santa Rosa, setiembre 10-975. — Bertelli, Mario H,) Rep. La Ley, XL, A-I, 1234, sum. 30.

50.— La agravante de ensañamiento se halla presente, por el exceso de crueldad, absurda y sin sentido, que denota la decisión de los autores no sólo de causar el resultado muerte, sino que éste se materialice luego de un prolongado padecimiento, con total menosprecio de todo sentimiento humano.

(CCrim. Santa Rosa, agosto 1-975. — Guala, Oscar A. y otros) Rep. La Ley., XL, A-I, 1234, sum. 29.

V — AGRAVACION POR LA CONEXIDAD

51.— Si no hay nada que trascienda la subjetividad para sostener que el homicidio, en el plano mental del autor, haya estado corno finalidad para la comisión del robo en alguna de las formas expresadas en el inc. 7° del art. 80 del Cód. Penal, ni que el homicidio haya sido producto del impuso derivado de la frustración del desapoderamiento intentado, corresponde encuadrar el caso en el art. 165 del citado cuerpo legal.

(CNCrim. y Correc., sala III, mayo 24-988. — Hafez, José E.) DOCTRINA JUDICIAL 1988-2, 433.

52.— El art. 165 del Cód. Penal prevé y reprime el homicidio acontecido con motivo de un robo, el que no necesariamente debe haberse consumado, bastando la tentativa del accionar principal, o primeramente querida qué fue —en el caso— la sustracción violenta de cosas muebles.

(CNCrim: y Correc., sala III, mayo 24-988. — Hafez, José E.) DOCTRINA JUDICIAL 1988-2, 433.

53.— Habiéndose vinculado el homicidio con el robo a través de un factor emocional malsano, provocado por el fallido desapoderamiento de un objeto, no incide en su calificación como “homicidio criminis causa” el que sus autores se hayan llevado otros elementos productos del ilícito contra la propiedad.

(CNCrim. y Correc., sala IV, abril 9-987. — Rodríguez, Eduardo y otro) La Ley, 1987-D, 343.

54.— El tipo penal del homicidio “criminis causa” (Art. 80, inc. 7°, Cód. Penal) requiere una finalidad adicional a la de matar, dada por una relación subjetiva de medio a fin o a través de una conexión., impulsiva motivada por el disgusto provocado por el fracaso.

(CNCrim. y Corres., sala IV, abril 9-987. — Rodríguez, Eduardo y otro) La Ley, 1987. D, 343.

55.— El homicidio del art. 165 del Cód. Penal es precisamente un caso de homicidio simple conectado a un robo, no integrando la figura del referido art. 165 los homicidios culposos o preterintencional y quedando reservado el art. 80, inc. 3° a aquellos supuestos de la muerte dolosa de una persona, pero condicionada subjetivamente por una finalidad trascendente o motivo causal que conduce a la muerte.

(CNCrim. y Corres., sala III, noviembre 23-984. — T., L. A.) La Ley, 1985-A, 197.

56.— La determinación del hecho cuya existencia se demostró en el debate es incompleta, en cuanto no precisa, como circunstancia de hecho absolutamente decisiva en el caso, cuál fue el contenido subjetivo de la acción de los coimputados y con qué alcances la acordaron, y si ello fue ante de comenzar a delinquir o en el curso de esta delincuencia. Omisión que no puede salvarse con la sola mención de que actuaron “en cumplimiento de un prolijo plan delictuoso consistente en asaltar una estación de servicios” y “portando por lo menos dos armas”, porque como se imputa coautoría de “homicidio criminis causa” (art. 80, inc. 7°, Cód. Penal, ley 21.338) debe recordarse que la esencia de todas las figuras comprendidas en el homicidio “criminis causa” es subjetiva.

(TS Córdoba, sala penal, agosto 19-982. — Pomilio, Héctor H. y otros) La Ley, 1983-B, 283.

57.— Lo que caracteriza al homicidio con motivo u ocasión del robo, y lo diferencia del homicidio “criminis causa”; es la falta de intención de matar, en el momento del hecho. El art. 80, inc. 7° del Cód. Penal emplea el verbo ‘matar como núcleo de la figura; mientras que el art. 165 del Cód. Penal emplea la expresión “resultare un homicidio”, términos característicos de los delitos calificados por el resultado.

(SC Buenos Aires, abril 13-982. — Tassara, Gerardo A. y otros) Rep. La Ley, XLII, A-I; 1176, sum. 9.

58.— Si el homicidio es preordenado al robo y se comete como medio del evento lucro, con el mayor desprecio por la vida humana, corresponde claramente el tipo del art. 80, inc. 7° del Cód. Penal; y si en cambio la muerte es un resultado previsible pero eventual, que no ha entrado en los planes del autor del robo, debe presumirse conforme al art. 165 del mismo Código.

(ST Chubut, marzo 24-981. — Bordón, Miguel A. y otros) Rep. La Ley XLII, A-I, 1176, sum. 10.

59.— Cometen los procesados el delito del art. 80, inc. 7° del Cód. Penal, si mataron para evitar cualquier resistencia de la víctima y consumar el robo o si mataron para lograr la impunidad, porque ello es indiferente, en tanto el propósito de robar acompaña la acción homicida. Existe una relación íntima entre robo y homicidio, un propósito evidenciado a través de todas las circunstancias del caso.

(CNCrim. y Corres., sala IV, octubre 5-979. — Parrondo, Manuel S. y otro) La Ley, 1980-A; 614.

60.— Si el procesado declara que su intención era matar a su tía para estar tranquilo, pero a la vez que el robo tenía por objeto engañar sobre la motivación del homicidio y para obtener el dinero, o sea, que integraba su cuadro intencional la sustracción de bienes de la interfecta, punto éste sobre el que insiste en el careo y el copartícipe, tanto en esta ocasión como en su indagatoria, concuerda con ello, cabe la calificante del art. 80, inc. 7° del Cód. Penal, aun frente al también confesado propósito del sobrino de eliminar a la víctima, hermana de su madre, por entender que constituía un elemento perturbador en sus relaciones con ésta. Aquella conexidad permanece incólume, por no ser ésta otra causal excluyente de aquélla sino coexistente.

(CNCrim. y Correc., sala IV, octubre 5-979. — Parrondo, Manuel S. y otro) La Ley, 1980-A, 614.

61.— No hay necesidad de recurrir al concurso de delitos cuando con motivo u ocasión del robo resulta un homicidio no doloso, puesto que el art. 80 del Cód. Penal crea un tipo autónomo con todas las características de las figuras agravantes; se trata de un homicidio agravado por el móvil (la comisión de otro delito).

(SC Buenos Aires, setiembre 25-979. — Contreras, Omar E.) Rep. La Ley, XXXIX, A-I, 1062, sum. 28.

62.— Si se halla probado que la finalidad del procesado fue matar a la víctima para después robarla y lograr su impunidad, el hecho configurado es el de homicidio “criminis causae”, siendo de destacar la premeditación del elemento subjetivo propio de dicha figura, lo que es importante tener en cuenta aunque no es imprescindible que esa premeditación exista en la hipótesis de homicidio agravado.

(CNCrim. y Corres., sala III, agosto 10-979. — Martínez, José A.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1234, sum. 36.

63.— Existiendo relación de medio a fin entre el robo y el homicidio subsiguiente, es evidente que éste fue consumado por obtener la impunidad, encuadrando así el hecho en el delito de homicidio “criminis causa” del art. 80, inc. 7° del Cód. Penal.

(SC Buenos Aires, mayo 2-979. — Sallago, Juan D. y otros) Rep. La Ley, XXXIX, A-I, 1062, sum. 27.

64.— El art. 80, inc. 7° del Cód. Penal requiere una vinculación ideológica entre ambos delitos. En el caso de autos, el robo aparece como causa final del homicidio; este último delito ha tendido a preparar o facilitar la consumación del primero.

(CNCrim. General Pico, diciembre 16-976. — Rodríguez, José L.) Rep. La Ley, XL, A-I, 1234, sum. 35.

VI — CONCURSO PREMEDITADO DE DOS O MAS PERSONAS

65.— La calificante por concurso premeditado tiene lugar cuando el homicidio se comete con la coautoría premeditada de dos o más personas. No cabe considerar esta tipicidad calificada, si no media una premeditación en la coautoría y la misma surge de una modificación del curso del plan original en el desarrollo del mismo, en que se opera un trastocamiento de los roles concursales.

(CNCrim. y Correc., sala VI, agosto 14-984. — Pacheco Errea, Enrique y otro) DOCTRINA JUDICIAL 1986-1, 213.

66.— Corresponde destacar la premeditación cuando el plan surge ya iniciada la etapa ejecutiva misma. (CNCrim. y Correc. sala VI, agosto 14-984. — Pacheco Errea, Enrique y otros) DOCTRINA JUDICIAL 1986-1, 213.