Columna de opinión: "Secuestro virtual". ¿Estafa o extorsión?Autor: Simaz, Alexis L.

I) Hace unos años se ha instalado en la sociedad argentina una nueva modalidad delictiva llamada comúnmente “secuestro virtual”. La misma puede describirse a grandes rasgos, como el requerimiento efectuado a la víctima —usualmente vía telefónica— de dinero u otros objetos de valor, anunciándole un inexistente secuestro de un ser querido; ante tal situación el sujeto pasivo suele entregar dichos efectos de valor, en la creencia de que la persona supuestamente privada de la libertad corre riesgo real en su salud o vida.

La jurisprudencia ha vacilado en cuanto a la subsunción típica que cabe asignar tal conducta. Así, la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional de Capital Federal, sala IV (C. 26.034, sent. del 31/03/2.005) se ha inclinado por la figura de extorsión (CP, 168), mientras que la sala VI (C. 29.535, sent. del 5/06/2.006) opinó que se trata del delito de estafa (CP, 172).

Concretamente la sala IV sostuvo que las amenazas fueron urdidas apelando a circunstanciados detalles que se le trasmitieran al sujeto pasivo y lo indujeran a un serio y lógico temor; agregando, que si bien el damnificado iba a realizar una disposición patrimonial que habría de perjudicarlo, motivado por un artificio, no se configura el delito de estafa ya que ellos no lo indujeron a error, sino a una férrea compulsión, resultando su finalidad conformar una intimidación basada en la mentira y así obligarlo a la entrega del dinero exigido. La mayoría entendió que el delito había quedado en grado de tentativa, toda vez que la imputada fue inmediatamente aprehendida. La minoría, en cambio, estimó que en el caso se había desapoderado a la víctima y que correlativamente el sujeto activo había obtenido real y efectivamente el objeto sustraído, al menos por una fracción de segundos, aunque en definitiva no lo disponga.

Mientras que sala VI expuso que en la extorsión la acción típica consiste en obligar a otro mediante intimidación a entregar, enviar, depositar o poner a su disposición o la de un tercero aquello que constituye objeto de un delito, pero siempre por medio de amenazas y estas no son más que el anuncio de un daño que se producirá en el caso de no cumplir con lo exigido, extremo que nunca podría haber ocurrido toda vez que los dichos amenazantes no se hubieran podido concretar al tratarse de un “secuestro virtual”. Entonces, la exigencia dineraria enmarcada en amenazas y simulación de un secuestro forma parte de una maniobra ardidosa única tendiente a afectar el psiquismo del destinatario para hacerlo incurrir en un error e inducirlo a concretar la disposición patrimonial pretendida, alejándose así la ilícita pretensión del concepto de intimidación que requiere el art. 168 del CP., configurándose el delito de estafa en grado de tentativa. Cabe agregar, que en dicho pronunciamiento también se discutió si el medio escogido por el imputado —simular un secuestro de un familiar— fue idóneo, es decir, si tuvo actitud suficiente para atemorizar al damnificado, dándose una respuesta afirmativa.

II) Nótese que la sala IV sostuvo que no hubo error motivado por un artificio o engaño, sino a una férrea compulsión por parte del sujeto activo. Si bien esto último es cierto, también lo es que la víctima obró en la creencia errónea de que un ser querido estaba secuestrado, independientemente que tal error sea relevante a los efectos de la tipicidad del art. 172 del CP.

Por otra parte, parece un tanto contradictorio sostener en el sentido que lo hace la sala VI, que el medio intimidatorio escogido por el agente ha sido idóneo para atemorizar a la víctima y luego afirmar que como dicha amenaza era de imposible materialización la figura se traslada al delito de estafa, pues se estaría admitiendo que la intimidación resulta un medio efectivo para engañar cuando las amenazas proferidas resultan de imposible cumplimiento, circunstancia que no recoge la estructura típica del art. 172 del CP. Además, el delito de extorsión sólo se limita a exigir la idoneidad del medio intimidatorio empleado, es decir, que en el caso concreto pueda atemorizar o intimidar a la víctima, independientemente que el sujeto activo este en condiciones o no de cumplir la promesa.

III) Ahora bien, si el delito de extorsión exige que las acciones intimidatorias afecten o puedan afectar en concreto un bien jurídico superior a la esfera de secretos (CP, 169), y que tal afectación sea real o que el sujeto activo tenga los medios efectivos para realizarla, este no sería un caso de extorsión.

Sin embargo, no parece que el art. 168 requiera tal cosa, incluso de su propia descripción típica se desprende que admite la simulación de autoridad o la falsa orden de la misma. De modo que sólo es necesario —independientemente del medio intimidatorio escogido— que se cause cierto temor o intimidación en la víctima que la obligue a entregar, enviar, depositar o poner a disposición del sujeto activo o de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurídicos.

Lo que particularmente genera confusión en estos casos es que la víctima parece estar tan atemorizada como engañada. O en otras palabras, que el engaño se concreta gracias a la intimidación que genera la falsa afirmación de que un ser querido está secuestrado.

Pero aquí el engaño no parece ser relevante a los efectos de la configuración de la estafa, pues la víctima realiza la disposición patrimonial porque se siente atemorizada o intimidada y no —como sucede habitualmente en las defraudaciones—, porque piensa que está obrando debidamente o que con ello obtiene algún beneficio para él o para un tercero.

Veámoslo de otro modo. Supongamos que no existe ninguna exigencia patrimonial. Naturalmente no podría sostenerse que hay estafa, como tampoco podríamos afirmar que se trataría de una extorsión. Pero, probablemente coincidiríamos que existen amenazas o coacción (CP, 149 bis). Si así fuera, la solución que se impondría sería la que prevé la figura de la extorsión, pues la misma no es más que una coacción o amenaza con fin patrimonial.

Por último, existe otro argumento en favor de la postura de la sala IV: en la estafa el sujeto pasivo —por regla general— se desprende de la cosa voluntariamente en la creencia que hace lo correcto o lo debido, situación que no sucede en la extorsión cuyo desprendimiento ocurre a consecuencia de un vicio de la voluntad producto de las acciones intimidatorias. Además, es característico en la extorsión el desdoblamiento temporal entre la amenaza de un mal futuro para el logro de una prestación actual (situación del sub judice) o la amenaza de un mal actual para el logro de una prestación futura.